Mayra Hernández
Nunca me había fumado una mata, tenía en mente hacerlo algún día, estaba en la lista de propósitos que uno hace y que espera ir cumpliendo a lo largo de la vida, pero debo reconocer que fumar marihuana no estaba contemplado en las tareas del día.
El único pensamiento que rondaba por mi cabeza al despertarme esta mañana a las 6:00 era que definitivamente no quería hacerlo, miré por la ventana y el día pintaba frío y opaco, sólo tenía una clase en la universidad y el resto del día libre, la idea de quedarme bajo las cobijas me tentaba cada vez más. Finalmente y casi en un acto de valentía corrí a alistarme rápido antes de que se me hiciera más tarde, así, a las 7 con 18 minutos estaba montada en un bus que tarda casi una hora en llegar a mi destino.
Mientras me apachurran sobre los asientos observo por la ventanilla del bus, siempre es lo mismo: las obras del metro línea, las mismas casas, la misma gente, el mismo paisaje verde que intercomunica a Piedecuesta con Bucaramanga, verde… como el cannabis que yo y dos buenos amigos nos fumarías horas más tarde.
Eran las 8 y 10 cuando llegué al campus universitario, efectivamente, casi una hora había durado mi viaje, antes de llegar al salón, justo a la entrada del edificio estaban algunos de mis compañeros sacándole fotocopia aun texto de Efraín Medina: Boxeador por un día, saqué unas cuantas monedas de mi bolsillo y se las di a mi amigo para no estar exenta del material con el que se trabajaría la clase, el tema de esta sería la crónica.
Recuerdo estar muy entretenida con el relato que se hizo a varias voces por petición del catedrático, trataba de escribir en las esquinas de las hojas los datos más relevantes sobre esta forma escrita, cuando lo hacía aún no tenía en mente el irme de burra. Wilson se llama mi profesor, durante la lectura del texto había enfatizado en que esperaba de nosotros una buena crónica, cada dos párrafos interrumpía la lectura para mostrarnos las claves y los trucos con los que Efraín Medina construye su texto, pero aún no había pronunciado las palabras que me llevarían a mí, a Juliana y a Miguel a salir en busca de la mata que se fuma.
Mi único contacto con las matas es el que tengo con el jardín de mi nona, allí las observo, las riego, las huelo pero no me las fumo. Sé que las tiene de flores y sin ellas, sólo de hojas, y que hay una que otra herbácea sembrada, la marihuana pertenece precisamente a esta clase de plantas, crece a uno o dos metros de altura, tiene hojas ásperas con pequeñas flores dioicas y verdosas, pero de estas no tiene mi nona. Una tarde con mi tío mientras hacíamos chistes de su jardín contemplábamos esta posibilidad sólo para ver qué cara ponía ella, entre risas le decíamos que tener una mata de estas sembradas ayudaría a la unión familiar en la medida en que todos nos reuniéramos a fumarla ¡miren a ver! Decía y también reía, creyendo ilusamente que mi tío nunca la había probado y que su nieta nunca la probaría.
Wilson quería que las historias se construyeran sobre experiencias reales, que buscáramos un hecho, un tema, una situación digna de ser contada ¡Quiero que hagan lo que nunca han hecho! Dijo con una expresión de picardía en su rostro. Las burlas se extendían por toda el salón, el ambiente era divertido. Yo estaba sentada junto a juli y Migue, no podíamos evitar la risa al escuchar los comentarios burlones, irónicos y satíricos que entre compañeros nos hacíamos ¡Hagamos un trío! decían por un lado ¡Tatúese una nalga con el nombre de su novio! Decían por el otro ¡pierda la virginidad! Y reíamos todos, ¡Trabémonos! Fue lo que le dije a mis dos amigos cercanos y podía ver en sus rostros que la idea les gustaba, ¡Sí, vamos a trabarnos! Dijo Miguel, mientras Juliana reía y decía ¡pero que sea en serio! Fue así como cumplí con uno de los propósitos de mi lista y como obtuve el material de la historia que ahora escribo.
Qué iba a imaginar el profesor que sus palabras repercutirían con tal poder en nosotros, si yo y mis amigos terminamos haciendo un trío de burros, no quiero imaginar qué terminarían haciendo los otros.
Burro se les dice al consumidor potencial de la Marihuana, conozco gente que lo fue, gente que lo es y gente que aún no sabe qué es ser burro en un sentido físico y sintomatológico. Yo me reconozco en este último grupo, sin embargo, este 29 de julio estaba por cambiarme al segundo.
La matica que pensábamos consumir es ilícita, se conoce mundialmente como cannabis sativa, se cultivo por primera vez en Asia y hoy es la sustancia psicoactiva más consumida en el mundo según la Organización de las Naciones Unidas, es causante de grandes conflictos económicos, políticos y de salubridad pública. Aunque la dosis personal está permitida en varios países, su tráfico y expendio es un delito castigable. Nuestro país libra en estos momentos una batalla interminable con el narcotráfico, los índices de violencia y criminalidad son adjudicados de alguna forma a La mata que mata, el lema publicitario de la campaña lanzada en Colombia contra el consumo.
La Universidad industrial de Santander, también, lanzó hace poco una campaña en contra del expendio y consumo de la marihuana y otras sustancias: UIS libre de drogas, tengo un profesor que dice que esta universidad es un paraíso para el vicioso, que aparte de los estudiantes viene gente de otras universidades y que hasta nos han visitado extranjeros.
Antes de ser efectuada la campaña se encontraba cualquier cantidad de burros, sin importar la hora, en un lugar conocido por todos como el bosque o el aeropuerto. La campaña trataba de recuperar este terreno promoviendo allí actividades lúdicas y de esparcimiento entre los estudiantes, no obstante esta no fue la única medida tomada, a este lugar se le había implementado vigilancia por lo cual el consumo y la distribución de sustancias psicoactivas se había dificultado bastante, según se corría la voz entre los estudiantes.
Debo agregar, que las medidas tomadas por la universidad no sólo hicieron que los consumidores se esparcieran por otros lugares del campus, sino que hicieron encarecer el producto prohibido en cuestión, la papeleta que nosotros compramos costó seis mil pesos cuando antes costaba menos, claro está según me explican los panas, así fue como se dirigió Miguel a los vendedores, que el precio varía según la clase, lo que tenían ellos por ejemplo era cripi.
El cripi o la cripa según explicaban los manes o los panas es una clase de marihuana de mejor calidad, haciendo mis averiguaciones supe que es más tratada...pues se supone que el cultivo se cuido con recelo, es más fuerte debido a que contiene más th, el ingrediente alucinógeno. Mis amigos y yo tuvimos que caminar hasta las canchas para poder comprarla, no sabíamos exactamente a quién preguntar si la vendía, hablábamos de que podíamos conseguirla más económica si estuvieran por ahí amigos que conocemos y tienen contactos, pero en ese momento estábamos solos.
Pronto, vimos en un rincón de la cancha a dos personajes de pintas estrafalarias, uno era negrito y escachalandrado, el otro portaba unas dreads y unas gafas amarillas que seguramente disimulaban su traba, Juliana y yo estábamos muy achantadas, dejamos que Miguel se acercara y les preguntara, al principio ellos negaron tener Marihuana para vender.
Mientras nosotros nos veíamos las caras con ganas de reírnos ellos cuchicheaban, cuando pensábamos en seguir buscando uno de ellos nos dijo que tenía cripi, en seguida, volteé a mirar a Juliana y no pude evitar dejar escapar una sonrisa. Miguel era el invitado, la matica la compraríamos entre Juliana y yo, las dos abrimos la cartera para sacar el dinero ¡ey men, eso es lo bueno de tener amigas! Dijo uno logrando avergonzarme, Juliana trataba de ocultarse tras la baranda y yo no podía ver fijamente a los burros, la compra estaba hecha, podía ver que Miguel se esforzaba porque nosotras nos sintiéramos cómodas, con la mirada trataba de infundirnos confianza. No sé por qué creí ver que el parce la había sacado la papeleta dentro de un zapato que tenía en la mano, si era así yo ni la abría tocado, mis amigos se reían de mí, me decían que lo mismo daban si la sacaban del zapato, pues a veces ¡Se la meten entre el culo! Dijo Migue, para que la policía no los descubra en alguna requisa.
Eran como las diez y media de la mañana, nos dirigíamos a la facultad para encontrar a alguien que tuviera cueritos para armar el cigarrillo, nuestra búsqueda fue infructuosa, mientras caminábamos yo pensaba en que ese era el día más raro de mi vida, me sentía como trabada aún cuando no lo estaba ni nunca lo había estado, pero imaginaba que así se sentía. Fruko, el maestro de la salsa, se presentaba en la noche, o mejor dicho, el fruko sinfónico, las boletas ya se habían agotado, pero el ensayo de la orquesta estaba abierto al público, mientras pensábamos en el mejor lugar para fumarnos la mata entramos a ver los músicos, pues la música sonaba alto, por un momento olvidamos el plan del día.
El auditorio estaba lleno, entramos justo cuando Fruko tenía un ataque de energía que desquitaba con los timbales, tomamos asiento y fuimos tarareando una a una la letra de las canciones, el ánimo estaba arriba, habíamos reído, cantado salsa y comprado cripi, Miguel y Juli salieron a comprar una pipa para poder fumarnos la comprita, no demoraron mucho en volver.
Eran casi las doce cuando decidimos ir a hacerlo, caminamos hasta el lugar conocido como el voladero, allí comíamos guayabas mientras Miguel alistaba la pipa, mientras yo podía contemplar con curiosidad la mata que tanto gustaba, imaginaba que escribir sobre esto sería extraño, tanto como el día de hoy; en la red encontré que los escritos más antiguos sobre el cannabis devienen de un emperador chino llamado Shen Nung y dastan dedes el 2000 antes de cristo, y hoy yo en el 2011 escribía sobre lo mismo.
La pipa ya estaba lista, tuve que ocultarla mientras un celador pasaba, Juliana se hacía la boba bajando guayabas y Migue le seguía la cuerda diciéndole dónde estaban, cuando nos vimos solos nos acercamos para el inició, Miguel fue el primero en fumar, mientras yo y mi amiga veíamos expectantes sus gestos, esto sólo producía risa, Juliana fumó y luego yo, teníamos que agacharnos bastante y acercar el rostro a una piedra para que el viento no nos apagara la mechera con la que encendíamos la matica, no era capaz de aspirarla, Miguel se agachó conmigo y me cubrió con su camisa para que pudiera hacerlo bien, por fin lo había logrado, una bocarada de humo tenía ahora en mi boca ¡No lo bote! Gritaba juliana, ¡Téngalo ahí! decía Migue, volví a fumar y una tosecilla era lo único que me advertía que si lo estaba haciendo. Allí estábamos los tres, tres amigos, tres cómplices de una pilatuna con la excusa de una buena historia, éramos un trío de burros.
No pensábamos en nada en ese momento, estábamos allí muy relajados, no nos importaba el saber que teníamos una carga académica por cumplir, estar en contacto directo con la naturaleza, el ruido de los árboles, el fuerte viento que hacía y la buena compañía eran suficientes para quedarnos allí sin chistar nada. Yo no me las creía… y llegué a entender porque en la india llegó a denominársele como fuente de la felicidad y de vida, creo que tenían razón, pues de mal humor no estábamos, al contrario, reíamos y nos hacíamos más amigos, más cómplices, más burros, en verdad la estábamos pasando bien.
Miraba a mis compañeros con el fin de advertir algún síntoma que me indicara su traba y veía que ellos trataban de hacer lo mismo conmigo, cada quién estaba pendiente de las reacciones del otro, Juliana y yo sabíamos que Miguel estaba más contento de lo normal, pero nos preguntábamos qué pasaba con nosotras, no sentíamos nada, se suponía que el cripi tenía que agudizarnos lo sentidos, darnos sueño, en fin, discutíamos sobre cuáles podían ser los síntomas, yo le decía a juliana que su traba era decir que no estaba trabada, Migué afirmaba ¡Sí, ese es el video de ella!
Yo por mi parte sólo sentía relajación absoluta, no tenía video alguno, era una traba, no una borrachera, considero que hay que fumar mucho para hacer escándalos, eso era lo que pensaba, pero vaya a saber si lo que era relajación absoluta para mí me estaba haciendo hacer el oso. Solo recuerdo paz absoluta, risita constante y ganas de cerrar los ojos y escuchar el viento que corría suave y fuerte a la vez.
Aún así, sabíamos que era lo que estábamos haciendo y no queríamos que las personas que pasaran por allí lo advirtieran, creíamos estar logrando este objetivo, pero a eso de las dos de la tarde ya compartíamos sitio con otros burros, mala señal, estábamos al descubierto, la confianza para reunirse en la piedra de al lado a consumir lo que supuestamente está prohibido y las miradas de fraternidad hacia nosotros así no lo indicaban.
Así fue como pasó todo, como a las tres de la tarde me daba por bien servida, ya podía tachar de mi lista a la mata que mata, ya había comprendido que algunas matas no sólo se observaban, se huelen o se riegan, también se fuman.

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